Musicoterapia y abordaje de las Psicosis

La musicoterapia es una disciplina que emplea la música y los parámetros del discurso sonoro (sonido, ritmo, melodía y armonía) como herramientas comunicacionales, para el desarrollo o la restauración de las funciones físicas, emocionales, mentales, sociales y/o cognitivas de un individuo o grupo.

Entre los diversos campos de aplicación de la musicoterapia se encuentra el área de discapacidad, rehabilitación de trastornos neurológicos, motrices y sensoriales, tercera edad y salud mental.

En el trabajo con psicosis, la Musicoterapia ha demostrado su eficacia en tanto el recurso musical es considerado un hecho cultural, permitiendo el establecimiento y la producción de lazos sociales, en un encuentro con otros y mediante la producción conjunta, donde el terapeuta promueve desde su rol la apertura de un canal de comunicación a través de los sonidos y las creaciones musicales, involucrando al cuerpo como soporte y facilitador de ambas modalidades expresivas.

El campo de la psicosis plantea un desafío en el trabajo clínico que es posible de ser abordado desde una propuesta estrechamente relacionada con lo artístico como la musicoterapia. Si hablamos de creatividad, podemos pensar en fluidez, flexibilidad y originalidad como factores que se han de poner en juego. La rigidez que se manifiesta en la enfermedad y que se percibe a nivel psíquico, corporal y relacional, puede ser abordada desde esta práctica donde se promueve la disponibilidad para la curiosidad, la diversidad, la imaginación y la espontaneidad, en un contexto lúdico y  no amenazante donde los individuos puedan apropiarse del espacio, generar relaciones de pares y actuar desde una mayor autonomía.

El paciente psicótico está riesgosamente expuesto a la condena social y al aislamiento por su condición y por su particular percepción de la realidad que no suele ser comprendida y alojada en los espacios compartidos con la comunidad. Para enfrentar esta situación, se plantea el hecho sonoro como algo que impacta e implica una atención que es dirigida hacia eso que llama a ser escuchado, hacia un evento de existencia concreta que es concebido como una creación, como algo en donde el sujeto que lo produce se presentifica, favoreciendo una posición subjetiva activa diferente del estatuto de objeto y pasividad.

Consideramos la voz un patrimonio exclusivo del ser humano, algo personal e irrepetible, que caracteriza y distingue a cada individuo, que si es proyectada hacia el exterior, permite comunicar, expresar, relacionar. Mediante el canto, el sujeto pone de manifiesto una serie de elementos que le pertenecen y que dan cuenta de su singularidad: registro, timbre, altura, rítmica, fraseo, textura.

El canto y las producciones musicales son formas de acceder al yo, y medios de conexión con la propia respiración, el cuerpo y la vida emocional. La música es un lenguaje que permite la asociación y conexión con el mundo interno. Puede ser una vía para que la persona habite ese cuerpo, se conecte con si mismo, evoque pensamientos y los comparta con otros. La relevancia de esta cuestión radica en que hablamos de pacientes que podrían experimentar su cuerpo como dividido, extraño, sufriente de tensiones y pulsiones incontrolables.

En un encuadre grupal, se busca la inclusión mediante propuestas en donde se trabaja desde las posibilidades con las que cada individuo cuenta, con su particular aporte al grupo: exploración de instrumentos musicales, improvisaciones, danza y expresión corporal son algunas de las estrategias con las que trabaja el musicoterapeuta como agente de salud, donde lo primordial es el hacer, independientemente de que la persona cuente o no con conocimientos musicales, ya que en musicoterapia, la posibilidad de expresarse mediante lo sonoro-musical es considerada como un patrimonio presente en cada persona.
La escucha es un aspecto que cobra importancia cuando se lo concibe como un medio para el autoconocimiento y que a su vez permite escuchar y conocer a otros, darles un lugar y encontrar el propio.

La música permite redescubrirse desde la posibilidad de disfrutar del encuentro productivo y creativo, concibiéndose a si mismo como capaz de ser y hacer, desde un lugar diferente al habitual, rompiendo el continuo goce que plantea la enfermedad, poniendo en el afuera la energía. Para este propósito, también los instrumentos musicales son considerados como una prolongación del yo.

Al ejecutar un instrumento, se genera un movimiento dinámico que se proyecta en el espacio grupal. La manera de relacionarse con los mismos, de generar algo con ellos, da cuenta de un discurso que el musicoterapeuta esta capacitado para interpretar, obteniendo información del mundo interno de esa persona.

Finalmente es importante remarcar la importancia de poder recibir al paciente y hacer lugar a su historia, a su discurso, antes que aplicar cualquier técnica profesional. Prevalece ante todo la necesidad de generar la apropiación del espacio y del dispositivo, para poder luego comenzar a enlazar, a hilvanar, a construir una historia en relación y a descubrir la particular modalidad de relación con lo sonoro que cada individuo establece desde los primeros momentos de su historia.

Lic. Mta. Gabriela Echauri

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