El “Hospital de Día”, una posibilidad de alojar locura en nuestros días

Estamos muy acostumbrados desde el ámbito profesional de la salud mental al uso del manual DSM, por ello nos referimos muchas veces a los pacientes desde lo patológico del psicodiagnostico, postulando en ellos una marca a modo de estigma, en definitiva los encasillamos en un lugar que brinda cierto marco para la intervención, pero que a la vez la limita, entonces creo que no debemos olvidar, ante todo, que estamos frente a personas que sufren.

En la actualidad hay una tendencia  creciente a hablar de estos enfermos como “personas con padecimiento psíquico”, esta nominación aparece como un intento por dejar atrás el sobrepeso del etiquetamiento del sujeto a una categoría psicopatológica.

Cuando hablamos de “personas con padecimiento psíquico”, nos referimos a pacientes cronificados, personas que seguramente han pasado por varias etapas de crisis, internaciones, y en muchos casos con un lazo social muy deteriorado o casi inexistente.

Sabemos de los procesos políticos de desmanicomializacion actuales en Argentina y en otros países, en base a esto resurgen con mayor énfasis alternativas para el tratamiento de los pacientes psiquiátricos como:

  • “casas de medio camino”
  • “residencias”
  • “hospitales de día”

Todos aparecen como lugares posibles de alojar a los que comúnmente llamamos “locos”.

El hospital de día surgió desde la psiquiatría, y se fue enriqueciendo con los marcos teóricos de otras ciencias como la psicología social, y el psicoanálisis, las ciencias sociales en definitiva.

Para cada época y lugar determinado resulta una forma posible de asistencia a la salud mental, en este marco se articulan las concepciones y discursos sobre la locura, los recursos terapéuticos existentes y la estructura socioeconómica y política reinante en cada lugar de trabajo.

Haciendo un poco de historia vemos que los hospitales de día nacen en la antigua Unión Soviética en 1935, lo cual se va a desplegar luego con más fuerza en Canadá, en este camino se articularan la antipsiquiatría y la psicología social. En la década del 60 se fundan los primeros hospitales de día en América Latina (Portoalegre y La Habana), ya en esas épocas se iniciaban las primeras experiencias en el campo grupal entre pacientes y con las familias de estos en Argentina, donde los pacientes permanecían en un servicio ambulatorio, será en 1967 donde García Badaraco crea en el país el primer hospital de día, en el Hospital Borda.

Qué es un “Hospital de Día”

El dispositivo de hospital de día brinda al “sujeto con padecimiento psíquico”, la posibilidad de un ordenamiento, lo hace desde un escenario donde se conjugan los entramados discursivos, donde se producen encuentros entre las personas y las instituciones, el objetivo tendrá en su horizonte el re-ordenamiento de la vida cotidiana del paciente, e incluso de algunos aspectos de la dinámica de su familia en relación al miembro enfermo, y al propio tratamiento familiar, será un “ abordaje posible” para todos los involucrados, incluso para los terapeutas.

Por lo dicho las líneas de acción no solo tienen que ver con los psicológico y lo psiquiátrico, sino con un marco más amplio e integrador que se relaciona con lo psicoeducativo, para mediar en los procesos de integración o de reinserción social, en definitiva la idea directriz es promocionar un lazo con otros, pudiendo detectar en ese “proceso-escenario” cuales son los circuitos de goce, por donde transita lo repetitivo, allí el hospital de día brindara:

  • Una oferta de tiempo y espacio para alojar, contener y abordar la subjetividad.
  • Una posibilidad para un encuentro con la estabilización, (en este sentido se puede decir que será cuando remitan los momentos agudos de florecimiento de los síntomas, el momento de avizorar en el horizonte la posible estabilización).
  • Una posibilidad de recrear el lazo social.

Estamos hablando en definitiva de una combinación de:

  • La alternancia en las idas y vueltas del consultante.
  • La evitación de la desinserción social, evitando la hospitalización completa y sosteniendo el lazo.
  • La promoción de los tiempos terapéuticos, que brindan posibilidades de acción, y focalizan en la posición activa del consultante.
  • La inclusión de la noción de proceso, en relación al tiempo y al espacio que cada paciente ocupa en el dispositivo.
  • La coexistencia con el grupo de pares, y de otros actores (miembros del equipo, miembros de la familia y de la comunidad).
  • La coexistencia de procesos de identificación y multitransferenciales que sostengan el abordaje de los conflictos y un reordenamiento del goce.
  • La puesta a resguardo de la fractura del lazo social al incluir la figura dentro del dispositivo de muchos “otros”, y un escenario para el despliegue de los síntomas.

Como dijimos, para lograr esto, es imprescindible el encuentro entre las personas, encuentro de miradas, roces, palabras, sensaciones. Encuentros que irán más allá del cara a cara con el paciente, ya que también se trabajara desde la dinámica familiar y las interacciones en general.

Por esto, y desde esta perspectiva que planteo es que los hospitales de día, pensados originariamente para las psicosis, se han extendido al abordaje de otras muchas cuestiones del padecer psíquico, aunque esto también implica que no es un dispositivo para todos ni para cualquier momento del proceso patológico de la persona, lo cual deberá ser evaluado profundamente en el “proceso de admisión”, y tampoco sustituye a la medicación ni a la psicoterapia individual.

Recalco una vez más que el hospital de día permite al paciente ubicarse en un tiempo productivo, donde transite el lazo social, ubicándose por dentro del discurso, increpando al goce y dando paso al síntoma, permitiendo además la inscripción de aspectos sanadores en la singularidad.

El “sujeto-terapeuta” del Hospital de Día debe estar dispuesto a apuntalar al paciente desde la escucha y desde su presencia en el escenario de la intervención, se presentara como un otro barrado (al que también le pasan cosas), no pensara en grandes intervenciones o interpretaciones, sino que experimentara junto al paciente de un proceso con intervenciones acotadas, breves, focalizadas, pero constantes, evitando encasillarse a sí mismo en el lugar del sujeto supuesto del saber (el que todo lo sabe y lo puede), ya que esa posición obtura y profundizara lo patológico.

En el hospital de día no existe “la lógica de la separación” ya que evita internaciones totales, el paciente va y viene, tiene una cama en su hogar y un lugar que lo aloja fuera del ámbito familiar, los terapeutas del equipo deben continuamente tolerar el riesgo de esta modalidad de tratamiento.

Al aceptar el desafío se abre la posibilidad de que el paciente gane en autonomía, el hospital de día es por sobre todo un ámbito de interacciones, en vecindad con lo social y lo variable, ofrece una oferta de espacio-tiempo, ese aquí y ahora que se ofrece propicia la estabilización, por eso el “cronograma de actividades” será un organizador de ese espacio y tiempo, ya que brindara un escenario posible a ser habitado, y desde allí aloja.

¿Cómo visualizar las prácticas en este espacio?

Dentro de las prácticas posibles tenemos, por ejemplo:

  • La psicoterapia.
  • La terapia familiar y de grupo.
  • El dialogo terapéutico.
  • Las técnicas narrativas.
  • Las técnicas graficas.
  • Lo corporal y lo psicomotriz.
  • La musicoterapia.
  • El arte terapia y el bailo terapia.
  • El abordaje de situaciones de la vida diaria.
  • La psicoeducacion.

Este gran marco llamado “dispositivo”, albergara nuestra practica y los procesos que en él se desarrollen, lo dicho y lo no dicho serán parte de el, y todo esto con efecto subjetivo en todos los participantes del mismo, pacientes y no pacientes, dando paso a la prioridad de la producción, la producción como medio para la inscripción subjetiva, para lograr acotar el goce, para propiciar como ya he dicho la continuidad del lazo social.

Estimo que el encuentro con la dignidad, acercara al sujeto a la tan ansiada felicidad, a una mejor calidad de vida, al amor en definitiva, obviamente con los cuidados que estos temas merecen, en gran parte el hospital de día brinda un marco, un marco propicio para el despliegue del amor y del encuentro con el otro, dando la posibilidad de mejorar los procesos de integración.

Corremos en estos menesteres el riesgo de que lo institucional también se cronifique, así como lo patológico… Transitar los vericuetos del lazo social propuesto desde este dispositivo, su relación con lo terapéutico y los procesos psicoeducativos es nuestro desafío como profesionales, y también el desafío de quienes aparecen como “sujetos de la intervención”, aunque la intervención produce un efecto no solo en el paciente, sino en todos los actores del proceso.

El almuerzo, un espacio posible de abordaje

No hay palabras, no hay miradas ni dialogo, no aparecen comentarios, solo el acto fisiológico de alimentarse. Buscaremos no mirar desde lo que no hay, trabajamos en este escenario desde el registro de lo imaginario, no tanto desde lo simbólico, desde allí vemos al espacio de almuerzo como un “espacio terapéutico”, una escena o momento que debe llegar a envolver y alojar al otro dentro de las coordenadas de tiempo y espacio que el dispositivo de hospital de día propone, el poder comer junto a otros ya es importante, y es allí en esa escena donde deberá aparecer algo del otro (algo de lo singular del terapeuta o del paciente buscara apuntalar ese espacio común), esa novedad, si se produce, tal vez sea convocante:

  • El poder incluir objetos cotidianos (preparar la mesa).
  • El hacerse cargo de un rol, o de alguna responsabilidad (quien hace tal o cual cosa).
  • El poder soportar el peso de la escena misma…
  • El usar la palabra como medio de expresión.

En este contexto, si tenemos suerte, aparecerá la novedad, algo emparentado con la cooperación y la compañía, en definitiva algo parecido al lazo con el otro semejante.

Desde lo terapéutico podemos decir que buscamos acotar el goce, no desde el lugar del amo, buscar socializar desde un marco institucional, donde habrá un cronograma e respetar, limites y reglas, o sea un otro institucional. Sabemos que el lazo acota el goce de por sí, y lo hace en el encuentro con el goce del otro…

En este escenario planteado, aparecerá una narrativa, a la cual no estamos acostumbrados, será una construcción con otras reglas, y esto no será sin consecuencias…

Así, evitando los espacios muertos, el horario de almuerzo en el hospital de día podrá entonces también alojar la multiversidad de discursos y la tolerancia por las diferencias, enriqueciendo el proceso y dando paso a la producción de subjetividad, a lo singular, a algo que podrá reinscribirse, esto que aparece enmarcado en un ámbito plural, pero que señala lo individual de cada sujeto que lo forma, y da paso a la posibilidad de una creación posible.

Conclusión

Es de fundamental importancia reordenar y clarificar nuestro lugar como terapeutas en el marco de los procesos internos del dispositivo propuesto, dar paso a la creatividad, orientar la cura hacia la detección, apoderamiento y despliegue de los recursos de todos los involucrados, ya sean institucionales, terapéuticos o subjetivos, siempre de forma direccionada.

Si así lo hacemos estoy convencido de que nuestra postura terapéutica nos permitirá poner en juego la constelación “Alojar – Contener – Apuntalar”, y que esto entre al servicio de una posible mejora de la salud, de lograr procesos comunicacionales y vinculares con el otro más sanos y efectivos, en definitiva de una “rectificación subjetiva saludable”, que no dé lugar a la compulsión a la repetición de los modelos familiares de los cuales estos sujetos con “padecimiento psíquico” emergen y aparecen como portavoz.

Si en relación a todo lo escrito logramos visualizar en nuestros pacientes de hospital de día un pequeño movimiento, “lo mínimo posible” dentro de esas coordenadas de tiempo y espacio necesarias para poder iniciar un punto de partida, movimiento que facilite y propicie de este modo la reinserción social y el lazo con otros, buscando desde nuestro rol la eficacia clínica en la praxis planteada, querrá decir que estamos en el camino correcto, ya que funcionaremos como facilitadores y promotores de salud.

Quiero finalizar remarcando ese lugar de agente facilitador del “sujeto-terapeuta”, que se moverá constantemente junto al sujeto de la intervención dentro de un entramado de demandas, deseos y goces, sin perder de vista el hilo conductor que lo guie, y que funcione a modo de “eje” del abordaje del “sujeto con padecimiento psíquico” y de sus familias.

Lic. Molina RaúlCoordinador del Hospital de Día
Psicólogo Social-Psicomotricista-Psicólogo clínico – MN 46700.

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