ADICCIONES, la manera de silenciar el malestar

La adicción es un término extraño, en tanto no existe como palabra en el vocabulario castellano, pero ha sido impuesto por su uso. Existe sí la palabra adicto que según el Diccionario de M. Moliner se refiere al partidario conforme a cierta idea o doctrina o al que admira, respeta a alguien determinado. Como segunda acepción en medicina se lo acepta como el que consume habitualmente drogas. Adicción es una palabra que proviene de dicción, que significa decir, hablar.

La Lengua como productora constante de nuevas palabras y significaciones, al poner en juego ésta que aún no existe en el diccionario, está expresando algo que ocurre en el interior de un sujeto.

Adicto, a-dicto, el que soporta ésta designación ¿no está siendo silenciado en tanto actúa y le es imposible poner en palabras, por el efecto de velamiento que el objeto le produce, las marcas que hicieron trazo en su vida?

En general cuando se habla de adicción se lo utiliza para indicar la habituación o dependencia a ciertos objetos tales como el tabaco, el café, el alcohol, las sustancias alucinógenas, los estimulantes, etc.

Este término adicción, se acuña por el entrecuzamiento del discurso médico y del discurso social, definiendo una conducta compleja y curiosa, que tiene su anclaje en los efectos clínicos y sociales que la misma produce.

La persona atrapada en esa designación queda doblemente sometida: por un lado al sufrimiento personal en tanto implica un exceso en su cuerpo y en su propio accionar; y por el otro, a la condena social ya que conlleva a situaciones de marginalidad derivadas de su condición de figura penalizable por la Ley.

En esta entidad clínica se pone en evidencia aquello que se oculta; la acción del tóxico o fármaco (del griego pharmakón) el que por sus efectos presenta dos caras. Una es la positiva o benéfica en tanto curativa, la otra es la negativa, dañina o nociva. Ambos aspectos dan cuenta de la ficción que engendra el fármaco, que consiste en restaurar una barrera protectora frente a pensamientos o situaciones vividas por una persona que toma carácter amenazador o siniestro a su propia existencia.

La sensación de desvalimiento frente a esas situaciones, sin el soporte necesario, es lo que produce la necesidad del tóxico.

Ese objeto, por sus efectos inmediatos borra lo insoportable de la necesaria postergación, de la demora implícita en toda acción y lo intolerable de la diferencia entre lo interior y lo exterior de un sujeto, introduciendo un velo a las oposiciones y generando una especie de “ensueño” continuo donde queda anulada toda posibilidad de corte o ruptura.

Es por lo tanto, síntoma de lo que no anda en la existencia de una persona señalando una carencia o falla en su estructura psíquica, y en tanto promueve el objeto a primer plano opera como suplencia, impidiendo la puesta en palabras de lo que de su vida resultó intolerable.

“El sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo que condenado a la decadencia y aniquilación ni siquiera puede prescindir de los signos de alarma que representan el dolor y la angustia; desde el mundo exterior capaz de encarnizarse con nosotros con fuerzas destructivas implacables; por fin desde las relaciones con los otros seres… Pero los más interesantes preventivos del sufrimiento son los que operan sobre nuestro organismo…” dice S. Freud en “El malestar en la cultura”. Mas adelante puntualiza: “la vida, como nos es impuesta resulta gravosa: nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles. Para soportarlas no podemos prescindir de calmantes. Los hay de tres clases: poderosísimas distracciones que nos hagan valuar en poco nuestra miseria, satisfacciones sustitutivas que la reduzcan y sustancias embriagadoras que nos vuelvan insensibles a ella. Algo de este tipo es imprescindible…”

Es por ello que no solo las drogas se pueden considerar adicciones. Hoy en día los medios de comunicación bombardean a la mujer, al hombre y a los jóvenes a “consumir” de todo y en cantidad, ofreciendo numerosos objetos-mercancia a los cuales quedamos fijados, consumiéndolos compulsivamente.

Entre ellos, puestos en la vidriera para ser consumidos de mil formas distintas y a cada cual con sus respectivas bondades encontramos los gimnasios, para mejorar los biceps de los señores y los glúteos de las señoras; las dietas para lucir bien esbeltos y por si fuera poco los tratamientos de belleza y cirugía estética, para parecer más jóvenes ofreciendo la fuente de la juventud, y siendo presentados como panacea que mejorará nuestra calidad de vida pretendiendo hacernos creer que nuestro cuerpo estará a salvo de la decadencia, ocultando la inexorable verdad de la finitud de la vida y escamoteando la posibilidad de la necesaria preparación para una vejez digna. Otro valioso objeto es el trabajo, en el cual cuanto más se esfuerce y gane el sujeto obtendrá el preciado lauro que dan el prestigio, el dinero, y el poder; no importa que en ello se le escurra la vida con infartos, by-passes, agotamiento o incluso abandono de la vida familiar.

Por último la electrónica, invento de la modernidad, nos ha dado sus criaturas mas preciadas: la televisión, los video-juegos y la computadora, que más allá de los adelantos que sin duda promueven, actúan como poderosísima distracción fomentando la ilusión de pertenecer y participar de un mundo que la mayoría de nosotros tiene vedado. Por la magia de su acción parece incluirnos aunque estemos entre cuatro paredes y a oscuras mirando televisión, o en una sala de video-juegos con un infernal ruido de fondo, aislados frente a la máquina imaginamos que hacemos trizas al oponente, ¡ Todo en la más absoluta soledad y a salvaguarda de cualquier decepción!.

Hablar de adicciones significa hablar del hombre y su relación con lo social, con lo cotidiano y la imposibilidad de lograr una satisfacción permanente.

La vida nos trae satisfacciones y frustraciones, triunfos y derrotas, aciertos y desaciertos, amores y odios; la manera de enfrentarnos a ello dependerá de cómo descifremos lo que fue de nuestra historia y desde ella será que escribiremos un texto que nos permita soportar la incertidumbre de la página en blanco que es el siguiente día.

Dr. Angel Manuel Mateu
Médico Psiquiatra – Psicoanalista

Se atiende por obras sociales y prepagas Consultar